¿EN QUE
CONSISTE EL MATRIMONIO?
La
respuesta del mismo Dios a la pregunta se halla en Génesis
2:18: «No es bueno que el hombre esté solo; le haré
ayuda idónea para él.»
En otras palabras, la razón del matrimonio es el resolver
el problema de la soledad.
El matrimonio fue establecido porque Adán estaba solo, y
esto no era bueno. El compañerismo, la compañía,
pues, es la esencia del matrimonio. Veremos que la Biblia habla
de modo explícito del matrimonio como el pacto de compañía.
La evaluación fundamental de la vida a solas es que «no
es buena». Y en esta palabra se halla la razón de la
regla general, que «el hombre dejará a su padre y a
su madre, y se unirá a su mujer, y se harán una sola
carne» (Génesis 2:24).
El
pacto de compañía
Vamos ahora a considerar en detalle lo que ya hemos visto que es
la esencia del matrimonio: la compañía. Dios nos hizo
a la mayoría de tal forma que nos sentiríamos solos
sin una compañía íntima con la cual poder vivir.
Dios proporcionó a Adán una esposa, Eva, no sólo
(o incluso de modo primario) como ayuda (aunque la ayuda es también
una dimensión de la compañía), sino como una
compañera. Adán, como todos los demás maridos
desde entonces (según veremos), tiene como deber proporcionarle
compañía a la esposa.
En la Biblia se describe el matrimonio en términos de compañía.
En Proverbios 2:17, por ejemplo, se nos dice que «la mujer
extraña... abandona al compañero de su juventud, y
se olvida del pacto de su Dios». La palabra traducida como
compañero en este versículo tiene en sí la
idea de uno que «ha sido esticado (se usa al hablar de animales
domados), o «uno que tiene una relación íntima
cercana con otro». Es difícil establecer una relación
íntima con un animal salvaje, pero se puede estar en términos
de cercanía con uno domesticado (o domado). El significado
básico tiene que ver con una relación cercana, íntima.
Y esto es exactamente lo que es la compañía en el
matrimonio: una relación íntima entre el marido y
la esposa. Las actitudes o acciones «salvajes» por parte
de uno destruyen la compañía; las acciones o actitudes
«domesticadas» (cálidas, deseosas de estar juntos)
la fomentan. La compañía o compañerismo, pues,
por lo menos en parte implica intimidad.
El concepto de matrimonio como compañerismo aparece también
en Malaquías 2:14, donde se usa un término diferente,
pero muy complementario: «Porque Jehová es testigo
entre ti y la mujer de tu juventud, contra la cual has sido desleal,
siendo ella tu compañera y la mujer de tu pacto.»
Ahora bien, la palabra traducida aquí por «compañera»
tiene la idea básica de unión o asociación.
Un compañero, pues, es uno con el cual se entra en una unión
(o relación) íntima. Al poner los dos términos
juntos llegamos a un sentido pleno de la idea de compañía.
Un compañero es uno con el cual estamos íntimamente
unidos en pensamientos, objetivos, planes, esfuerzos (y en el caso
del matrimonio, en cuerpos).
Los dos pasajes juntos dejan claro que, tanto para el marido como
para la mujer, la compañía es el ideal. En Proverbios,
el marido es llamado compañero (mostrando que él también
proporciona compañía a la esposa); en Malaquías
es la esposa la que es designada con esta palabra. Para ambos, pues,
la entrada en el matrimonio ha de significar el deseo de juntarse
para cubrir la necesidad de compañía del otro. El
amor en el matrimonio se centra en dar al cónyuge la compañía
que necesita para eliminar la soledad.
Si les enseñamos esto a nuestros niños y adolescentes,
difícilmente deberán tener que padecer el “crack”
del divorcio y la separación.
El matrimonio es una arreglo formal (por pacto) entre dos personas
para pasar a ser, el uno para el otro, compañeros para toda
la vida. En el matrimonio hacen el contrato para impedir, el uno
con respecto al otro, el quedar solos en tanto que vivan. Nuestras
ceremonias de casamiento deberían poner énfasis sobre
este punto mucho más de lo que lo ponen.
El juramento del pacto (o sea, los votos), puede referirse al compromiso
(o quizás a la ceremonia del casamiento más tarde.
En Óseas 2:19, 20, Dios habla de «desposarse»
(o sea, el compromiso) con Israel «para siempre» y «en
fidelidad». La naturaleza permanente del compromiso o desposorio
(esponsales) se destaca en este pasaje. Cuando sigue diciendo: «Y
conocerás a Jehová», se hace eco de la frase
del pacto.
He
llamado al matrimonio por el mucho respaldo bíblico un Pacto
de Compañía.
Volviendo a Proverbios 2:17 y a Malaquías 2:14 nótese
que el abandonar el compañero de la juventud de uno, es paralelo
a olvidar el pacto de Dios (Proverbios 2:17). En la poesía
hebrea este paralelismo sinónimo era usado para equiparar
dos cosas, con miras a expresar dos aspectos diferentes de un tema.
El abandonar al compañero es lo mismo que el olvidar el pacto
matrimonial.
En Malaquías 2:14 aparece un concepto similar. Aquí,
Dios denuncia a los maridos que son infieles a sus compañeras.
Estas compañeras son descritas más adelante como las
que eran esposas por pacto. Así, en ambos pasajes en que
se menciona de modo prominente la compañía, también
se menciona el aspecto de pacto del matrimonio. Esto significa (como
ya he indicado) que el matrimonio es un Pacto de Compañía.
En
este pacto las dos personas pactan no sólo procrear y criar
hijos y satisfacer cada uno las necesidades sexuales respectivas,
etc.; estos objetivos son demasiado estrechos (aunque parte del
objetivo mayor). Los dos se ponen de acuerdo (hacen voto; literalmente
«juran», ver Óseas 2:19, 20; Ezequiel 16:8) en
vivir juntos como compañeros a fin de eliminar o quitar la
soledad del otro (esto incluye los dos factores mencionados antes,
pero también muchos otros).
Este pacto, como hemos visto, se hace en el momento del compromiso
o desposorio (no por medio de la unión sexual, sino por medio
de un contrato), pero los dos empiezan a cumplir todos los términos
del pacto sólo después de la ceremonia de la boda
o casamiento y de la celebración o festejos públicos,
cuando empiezan realmente a vivir juntos.
Otros
factores
He
venido hablando de otros factores incluidos en la compañía.
¿Cuáles son? Génesis 2:18, 24 nos dice mucho.
Las palabras ayuda idónea significan una ayuda apropiada,
y es la traducción de una palabra hebrea que lleva consigo
la idea de «aproximarse a, acercarse». Podríamos
hablar de Eva, de modo apropiado, como la otra mitad que en la unión
por pacto del matrimonio hace el conjunto completo. Esta otra mitad
se acerca a Adán en este punto.
Como su contrapartida, la mujer completa o rellena la vida del hombre,
haciendo de él una persona mayor de lo que habría
sido de seguir solo, trayendo al marco de su vida una dimensión
femenina nueva desde la cual contemplar la vida en una forma que
no habría podido conocer de otro modo. Además, él
también aporta a su esposa una perspectiva masculina que
amplía la vida de ella, haciéndola más plena,
una persona más completa de lo que habría podido ser
aparte de él. Esta unión matrimonial por pacto resuelve
el problema de la soledad, no meramente llenando un vacío,
sino llenándolo a rebosar. Hay más que la mera presencia
implicada aquí. La soledad del ser meramente masculino o
femenino también queda cubierta o satisfecha.
Ayudar,
la idea del versículo, es otro aspecto de la compañía
o compañerismo. Los dos están unidos, son compañeros
en el esfuerzo (véase la orientación de la mujer hacia
la obra del marido en Proverbios 31:10-31) Algunos de los goces
más ricos de la compañía proceden del hecho
de trabajar juntos los dos esposos, uno al lado del otro. Haga lo
que uno haga, necesita una ayuda interesada a su lado. En último
término, los dos trabajan juntos para el Señor (éste
es el factor unificador fundamental en el matrimonio: se casan «en
el Señor») cualesquiera sean las tareas específicas
a mano en un momento dado. Hay alguien con quien él o ella
puede discutir las cosas, alguien de quien recibir consejo, alguien
a quien cuidar, con quien compartir goces, perplejidades, ideas,
temores, penas y desengaños: una ayuda.
¡Un compañero o compañera matrimonial es alguien
con quien uno puede sentirse en plena confianza!
Este hecho aparece más plenamente en Génesis 2:24,
25, en que se describe el matrimonio como un unirse (adherirse)
en que el hombre y su esposa pasan a ser «una carne»,
y que podrán estar
el uno frente al otro desnudos sin avergonzarse.
La frase «una carne» necesita ser explicada, porque
puede dar lugar a malentendidos. No se refiere de modo primario
a la unión sexual (aunque ésta va incluida).
La expresión «carne» también tenía
en hebreo el significado de ser, persona (como podemos ver fácilmente
en Génesis 6:17; 7:22, 23; 8:21).
Cuando Dios habla de destruir toda carne no significa carne en oposición
a huesos. Significa «destruir toda persona». Cuando
Joel (citado también en Hechos 2, por Pedro, en Pentecostés)
dice que Dios derramará su Espíritu sobre «toda
carne», de nuevo en lo que piensa es en toda clase de persona
(judío, gentil, viejo, joven, hombre, mujer). Así,
aquí, en Génesis 2:24, el pasar a ser «una carne»
significa pasar a ser una sola persona.
La unión matrimonial es la más íntima, más
próxima de todas las relaciones humanas. Dos personas empiezan
a pensar, obrar y sentir como una sola. Son capaces de ínter
penetrarse en sus vidas para pasar a ser una, una unidad funcional.
Pablo, citando este versículo en Efesios 5:28-31, dice que
la relación ha de ser tan íntima que todo lo que el
hombre hace (bueno o malo) para su esposa, se lo hace a sí
mismo, puesto que los dos han pasado a ser una carne (persona).
Incluso en 1.a Corintios 6, donde, al principio, uno podría
pensar en el uso del versículo como confirmación del
aspecto sexual del matrimonio, una lectura más cuidadosa
muestra otra cosa. Pablo distingue tres clases de uniones:
1)
Un cuerpo (v. 16): la relación sexual con una prostituta
= una unión cercana.
2) Una carne (v. 16): la unión matrimonial =una unión
más cercana.
3) Un espíritu (v. 17): la unión con Cristo = la unión
más próxima e íntima posible.
No hay espacio aquí para desarrollar este pasaje con más
detalle.
El objetivo revelado de Dios para un marido y una esposa es el pasar
a ser uno en todas las áreas de su relación: intelectual,
emocional y físicamente. El Pacto de Compañía
tiene por objeto cubrir esta necesidad.
Hoy, la gente por todas partes trata de establecer otras formas
de relaciones íntimas y abiertas. El Pacto de Compañía
está planeado para llenar esta necesidad, y es el único
que puede hacerlo.
Los disfrutes de fin de semana, las sesiones de ayuda sicológica,
etc., no van a realizar la tarea. Dios ha ordenado el matrimonio
para este propósito; los sustitutos humanos van a fracasar.
Como el matrimonio está fallando, la gente trata (en vano)
de hallar satisfacción en otras partes.
En
el versículo 25 Moisés se refiere a la desnudez sin
avergonzarse. Esto también ha sido interpretado equivocadamente
a nivel sexual. La vergüenza tiene que ver con el pecado; como
Adán y Eva carecían de pecado, no tenían de
qué avergonzarse. Podía ser perfectamente abierto,
transparente y vulnerable el uno respecto al otro.
No tenían nada que esconder. Éste es todavía
el ideal del matrimonio: estar abierto sin temor o vergüenza,
sin tener nada que esconder.
Dos personas que no tienen nada que esconder el uno del otro pueden
ser totalmente francos; no había necesidad de que nada se
interpusiera entre ellos, ni aun el vestido. Estaban totalmente
abiertos el uno para el otro. Los grupos terapéuticos de
«apertura» o «para abrirse» no van a satisfacer;
sólo el matrimonio pro¬porciona el escenario o fondo
adecuado y correcto para la apertura o franqueza total. Cuando el
matrimonio descansa sobre la verdad cristiana y es vigorizado por
una vida cristiana, esto es posible. La verdad unifica, el amor
enlaza, la esperanza orienta. Estos elementos permiten apertura
o franqueza sin vergüenza.
Una visión así del matrimonio muestra claramente que
el matrimonio es mucho más que un apareamiento legalizado
Distingamos lo siguiente:
apareamiento
= un cuerpo.
matrimonio
= una carne.
La
compañía o compañerismo es lo que hace la diferencia.
En
el aconsejar matrimonial el consejero cristiano no tiene que dudar
acerca de sus objetivos. Sabe que para glorificar a Dios tiene que
desarrollar y fomentar un compañerismo más profundo
entre marido y esposa. De esta forma, el matrimonio vuelve a empezar
a aproximarse a los ideales establecidos por Dios en Génesis
2, como un Pacto de Compañía para siempre.
Pastor Pedro Pacheco.